





Empieza fijando el plazo máximo aceptable y divide en segmentos regulares. Verifica qué emisiones próximas existen y cómo encajan con cobros necesarios. Si un hueco queda demasiado amplio, inserta un peldaño intermedio; si se amontonan fechas, espacía para evitar tensiones operativas innecesarias.
Para los certificados, reparte entre bancos y no sobrepases límites de seguro. En deuda soberana, combina vencimientos cortos y medios, y evita piezas con cláusulas que no entiendas. La diversidad de emisores y plazos disminuye riesgos puntuales y mantiene la estructura robusta frente a contingencias normales.